Quiénes somos


Algo de historia

La congregación fue organizada el 2 de marzo de 1958, bajo el liderato pastoral del Rev. Ernesto Sosa, para servir a la creciente comunidad hispana de la ciudad de Miami. Desde entonces la Iglesia ha estado sirviendo fielmente a la comunidad a través de diversos servicios, programas y ministerios.



De particular importancia ha sido el ministerio educativo de «La Progresiva Presbyterian School», fundada por el Rev. Martín N. Añorga continuando la visión del primer Colegio Presbiteriano La Progresiva en la ciudad de Cárdenas, Cuba. En sus más de seis décadas de testimonio y servicio, la Iglesia ha tenido cuatro pastores instalados: Rev. Ernesto Sosa (1958-1963), Rev. Martín N. Añorga (1964-1992), Rev. Mardoqueo Muñoz (1993-2009) y Rev. José Manuel Capella-Pratts (2011-2021).

​De cara a la segunda década del Siglo 21, la congregación vive la experiencia de afirmar sus fundamentos y renovar su misión, para ser testigo fiel del evangelio, portavoz de la buena noticia del apasionado amor de Dios para todas las personas.

Somos una congregación de la Presbyterian Church (U.S.A.), y miembro del Presbiterio Tropical Florida.


La Iglesia Presbiteriana (EUA)

Ver vídeo: "¿Quiénes somos los presbiterianos?"

 

Nuestra congregación pertenece a la Iglesia Presbiteriana (EUA), una denominación cristiana con más de 200 años de presencia en los Estados Unidos de América, cuyas raíces provienen de los movimientos de reforma protestante en la Europa Occidental del Siglo 16.

Su sistema de gobierno funciona bajo los principios de la democracia representativa, en la cual la feligresía elige su liderato compuesto por el presbítero docente (pastor), los presbíteros/as gobernantes (también conocidos como ancianos/as gobernantes), y los diáconos y diaconisas. Mujeres y hombres participan en igualdad de condiciones en todos los ministerios de la Iglesia.

Identidad: la Iglesia no es un edificio, es una comunidad

 

 

(Libro de Orden F-1.0301) La Iglesia es el cuerpo de Cristo. Cristo le da a la Iglesia todos los dones necesarios para ser su cuerpo. La Iglesia se esfuerza por demostrar estos dones en su vida como comunidad en el mundo:

La Iglesia ha de ser una comunidad de fe, encomendándose sólo a Dios, aun a riesgo de perder su vida.

La Iglesia ha de ser una comunidad de esperanza, regocijándose en el conocimiento seguro y certero de que Dios, en Cristo, está haciendo una nueva creación. Esta nueva creación es un nuevo comienzo para la vida humana y para todas las cosas. La Iglesia vive en el presente de la fuerza de esa nueva creación prometida.

La Iglesia ha de ser una comunidad de amor, donde el pecado es perdonado, la reconciliación se realiza y las paredes divisorias de hostilidad son derrumbadas.

La Iglesia ha de ser una comunidad de testimonio, señalando más allá de sí misma a través de palabras y obras hacia las buenas nuevas de la gracia transformadora de Dios en Jesucristo su Señor.